De vuelta a casa, junto con tus nueve hermanas

– Sergio, ven un momento -llama Fernando a su nieto de apenas 5 años-. Quiero preguntarte una cosa

– Abuelo, ¿qué pasa? – pregunta Sergio mientras juega con los nuevos juguetes.

– ¿Tú de qué equipo de fútbol eres? – pregunta ante la atenta mirada del pequeño de la casa.

– No sé, abuelo -dice Sergio.

– ¿Cómo que no sabes? – grita Fernando cariñosamente, mirando a su nieto.

– Tu abuelo es del Real Madrid -apunta Fernando-.Es el equipo más laureado de Europa y el que he seguido desde que era pequeñito como tú. Es el Real Madrid, ya lo entenderás. Tú hermano te ayudará -le da un toque sutil a Sergio en el hombro.

– ¡Ahh!. Vale, abuelo -exclama Sergio, mientras se centra en volver a construir el castillo de Lego, su única pasión hasta entonces.

(Mannheim, Alemania. Año 1988)

Fueron palabras que no entendí hasta que cumplí los 14 años y vi ganar la séptima copa de Europa al Real Madrid, para algunos la primera en color. Mi hermano me explicó que mi abuelo se había emocionado tras esperar 32 años en volver a ver al Madrid levantar una orejuda. En aquel instante entendí la relación sentimental que tenía este club con la Champions. Mi abuelo fue la primera persona que me enseñó la palabra Real Madrid y mi hermano, el aprendiz del maestro, el que me inculcó el madridismo.

Cayeron la Octava y la Novena. Tres Champions League en apenas cinco años. La leyenda de que “Tito Paco” ganaba las Copas de Europa para el Real Madrid de Di Stefano y cía se hacía cada vez más pequeña. Este equipo ya había nacido con ADN de campeón. Tras el zapatazo de Zidane en Glasgow, el club de Chamartín entró en una sequía de 12 años sin llegar de nuevo a una final. Años en los que creía, pese al optimismo de la prensa, que los blancos no estaban al nivel competitivo de la Champions League.
Año tras año, los madridistas veíamos como la Champions se escapaba a las primeras de cambio. Eliminatorias de cuartos y de octavos donde el Madrid salía ninguneado por equipos -a priori- inferiores. Desde el Mónaco de Morientes, pasando por el Roma, Liverpool de Benitez o el Arsenal de Tity Henry o Cesc. Nada que hacer ante el bochorno europeo que vivía el equipo.
La llegada de Mourinho al Real Madrid rompió la sequía de los octavos de final. Tres años en el club, tres semifinales consecutivas y la suerte, nuestro peor aliado. El año 2014 ha vuelto a darle al Real Madrid lo que se merecía: el reconocimiento en Europa. De la mano de Carlo Ancelotti, los blancos  han vuelto a llegar a lo más alto, a la cima europea, y de qué forma. Un balance de 11 victorias de 13 posibles -tercer mejor balance de la historia por detrás del Madrid de Di Stefano y el Ajax del 73-, con 41 goles a favor por 10 en contra. Números de campeón. En frente,  hubo un camino alemán difícil de obstaculizar. Los dos últimos finalistas y que habían impedido al Real quedarse a las puertas de una nueva final, Borussia y Bayern, fueron esta vez presas de un conjunto arrollador. El Bayern de Pep, el que era hasta entonces el actual campeón de Europa y el gran favorito, sucumbió en casa ante una locomotora que exhibió su mejor fútbol en el mejor partido que recuerdo del Real Madrid como visitante en Europa.
El 24 de mayo de 2014 será recordado como el día en el que el Real Madrid conquistó la Décima ante un digno rival, el Atlético de Madrid. Enhorabuena a los colchoneros por la tremenda temporada que han hecho. Aún sigue siendo inexplicable como un entrenador ha sido capaz de transmitir a sus jugadores tanta entrega y lucha. Enhorabuena, ¡Atlético!. Pero el cuento Disney se tenía que acabar de alguna manera. ¿Por qué?. Pues porque en Lisboa ganó el justo vencedor, ni más ni menos. Fue el equipo que remató más a puerta y que físicamente se apoderó del terreno de juego.
No olvidaré el año en el que un defensa de Camas rescató a su equipo en una final de Champions a falta de dos minutos para la conclusión de un duelo estelar. Aquel tonto que se equivoca, el que envía la pelota a Saturno, el que tira la copa, bla, bla, bla. Gracias, ¡Sergio!. Sin duda, la historia del Real Madrid le debía una. Sus goles que sellaron el pase a Lisboa y el de anoche, hicieron tributo a la cultura de este club. ¡Vamos Real, hasta el final!
Hoy el madridismo ha recuperado la felicidad plena. Gracias, ¡Abuelo!. Hermano, gracias por haberme salpicado de estos colores porque: “hay sentimientos que nunca mueren“.

La Copa de Europa vuelve a casa, acompañando a sus 9 hermanas. Hoy el campeón de Europa es el Real Madrid.

“Real wanders through Europe as the Vikings once walked, destroying everything in its path”
(“El Real Madrid se pasea por Europa como antaño se paseaban los vikingos, arrasándolo todo a su paso”)

The Times. 19 de mayo de 1960. Londres
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