Caída libre

Semanas antes del estreno y ya durante él, caminaba por la calle y veía de refilón su cartel. Una foto atractiva, con filtro adecuado, con un cuerpo centrado y con un color conquistador. Anduve una vez, tras ver de nuevo su foto, pensando que aquella imagen de ‘Lady Bird’ me gustaba, que aquella chica representaba, a priori, algo marcado y con fuerza. Llevaba tiempo sin caerme y lo hice con ella. Tal vez, las expectativas eran demasiadas altas. De todas las nominaciones y premios, la más merecida fue el galardón de ‘Mejor Actriz en Comedia o Musical’ para Saoirse Ronan (Lady Bird) en los Globos de Oro.

ladybird

El proyecto de Greta de Gerwig (Dirección y Guión) me recuerda a Boyhood (Richard Linklater. 2014), mejor dicho, podría tener rasgos familiares, por ahí van los tiros. Adolescencia, problemas familiares y vuelvo a ver una película ‘made in América’, sí, sí, aquellas repetitivas de Antena 3 de los sábados por la tarde. Es un largometraje ya mascado, como dice la definición de este verbo: “(…) para extraer su jugo o sabor”, y según lo que vi, esos dos elementos ya fueron extraídos mientras Gerwig escribía el proyecto. De hecho, algo parecido le pasó a Giorgos Lanthimos cuando escribió y dirigió ‘Canino’ (2009), un largometraje histriónico y sin sabor, aunque en esta ocasión, si algo se salva, es el guión.

‘Lady Bird’ me roba algo. El personaje cautiva con sus primeros pasos y por su puesta en escena. Christine McPherson (Lady Bird) parece indomable pero acaba siendo un títere que se deja manipular por los escasos puntos de giro que tiene la película. En esa transformación a peor, se le acaba viendo la letra pequeña y se desploma hacia una corriente ya vista en Hollywood. Las lágrimas, según para qué, hace tiempo que dejaron de funcionar. Querida ‘Lady Bird’, prometes con un comienzo desgarrador con ese look tan pronunciado y, más, en plena adolescencia, con tus inquietudes y carácter, y acabas con el desencanto de este cinéfago. Por el camino te encuentras a una chica rebelde y original, de las que se salen de lo convencional, pero se queda ahí, en el intento.

El hachazo es a tu destino, el guión, no a quién te interpreta. Ronan está sublime, brillante, cómoda en la edad que interpreta, 17, y conectada a una seguridad durante los 92 minutos del film. Eso sí, halago al script por arrastrar a este personaje ‘indie’ en su acción en contra del populismo ‘teenager’. Rompe a tiempo y, de una vez por todas, con ese escaparate que tan mal nos han acostumbrado a ver en esta industria desde hace décadas.

Suspiro mis últimas palabras con un aire de esperanza, tras ver a Laurie Metcalf encarnar a la madre de Christine. Justa merecedora de las nominaciones como ‘Mejor actriz secundaria’, tanto en los ‘Golden Gobles’ como en los Oscar. Es un papel que en ciertos momentos engancha al espectador por la frialdad con la que trata a ‘Lady Bird’. Pero Metcalf es absorvida a interpretar un personaje encasillado, el de una madre feroz, aislada del afecto y protectora de su nido.

El montaje, la producción, el guión, la piel de la película y un sinfín de características que dejan bastante que desear. No sé a ustedes pero a mí me gusta evadirme cuando me siento en una butaca, y ‘Lady Bird’ es un pájaro, sí, pero como los que vuelan sigilosamente.

Nota: 5.5

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‘Girlboss’, ellas también son emprendedoras

¡Sofisticada! Ofrece esa cara amable de la sociedad estadounidense en la ficción, ya saben, la de “América, tierra de las oportunidades” y la de la comedia surrealista en situaciones cotidianas. Britt Robertson (‘Como la vida misma‘, ‘Swingtown‘, ‘Scream 4‘, ‘Tomorrowland‘, ‘Under the Dome‘, entre otras), da vida a los inicios empresariales de la hoy magnate de moda, Sophia Amoruso, quien sin empleo y arruinada, decide abrirse paso en la compra-venta de prendas a través de dos herramientas de trabajo básicas, ropa usada e internet.

Kay Cannon dirige esta interesante serie cargada de inquietantes anécdotas de la protagonista y de un original enfoque entre el drama y la comedia.

¿Lo mejor hasta ahora? La eléctrica interpretación de Robertson por cómo llevar al límite el estrés de una emprendedora. ¡Sigamos!

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