Superheroína. Sí, sí, como oyen

¡Entretenida! 

Comienzas la película en la parte alta de la butaca y acabas prácticamente estirado y con los pies rozando el asiento del de enfrente.
Patty Jenkins dirige un film cargado de sucesos que transcurren rápido y que se inician con un inicio prometedor. La Segunda Guerra Mundial como telón de fondo acapara los 141 minutos del metraje, que a pesar de ser largo, no es nada pesado y empuja a que Diana, Wonder Woman (Gal Gadot), y Steve Trevor (Chris Pine) se muevan astutamente a lo largo de la trama.
Allan Heinberg y Geoff Johns, guionistas del film, se han limitado a seguir las directrices de  una historia simple y cómoda para el espectador. El problema es que tanto Heinberg como Johns caen en la trampa de unos gags ya repetidos en Hollywood y de risa floja para los asistentes. 
Jenkins ha apostado por Gadot como abanderada de este proyecto, pero puede llegar a ser arriesgado. En ocasiones me da la sensación a lo largo del film de confundir a la actriz con una de las ángeles de Victoria’s Secret en uno de sus desfiles shows. La puesta en escena de la israelí acapara el centro de las miradas, para muestra los excesivos primeros planos, dado su imponente físico. No sabemos hacía qué camino conducirá la carrera de esta intérprete, ¿de nueva musa a ‘femme fatale’ en próximos proyectos? 

Mucho me temo que la siguiente entrega del mundo DC Comics, ‘La Liga de la Justicia: Parte 1’ (Zack Snyder) en noviembre de este año, no mejorará a la presente. Y venimos de una atropellada ‘Batman v Superman: Dawn of Justice’ (2016) a un entretenido pero lineal proyecto de Jenkins. 

Ah, antes que se me olvide, el papel de Elena Anaya, la Doctora Poison, parece sacado de ‘La piel que habito’ (2011. Pedro Almodóvar).

Lo mejor: Las destacadas acciones de lucha y, sobretodo, la irrupción de la figura de la mujer en una de las tantas guerras machistas de la historia de la humanidad, en este caso, la de la Segunda Guerra Mundial.

Lo peor: La hipnosis de Gal Gadot al espectador, provocando que falte chispa y gancho argumental.

Nota: 6/10
#wonderwoman #galgadot #chrispine #pattyjenkins #dccomics #vamosporpartes

Historia que tú hiciste, historia por hacer

“Seguir negando el mérito de este equipo es absurdo. Las leyendas se alimentan de hechos”, dijo Tomás Roncero. Reconozco que no comparto su ideología al 100%, pero en los últimos años, viendo su amor incondicional por este club y la lucha por defender los colores de este, me ha ido conquistando. El Real Madrid ha disputado 14 finales de Copa de Europa a lo largo de su historia, y eso no es fruto de la casualidad, sino de un romance entre un club y una competición. No es más que el ADN campeón de una leyenda del fútbol única en el planeta. Nadie dispone de ‘eso’ que tiene el Real Madrid.La Undécima ya está aquí, la quinta en color para los más jóvenes. Tal y como dice la canción de Red One, ‘Hala Madrid y nada más’: “Historia que tú hiciste, historia por hacer”.

 

Cuando Zidane relevó a Benitez tomó el equipo en un momento muy complicado. La Copa del Rey, por ejemplo, se tiró y de qué manera,  y al final la Liga, pese a que se luchó hasta el último aliento, el equipo sigue con una estadística pobre: ocho temporadas en las que tan sólo se ha ganado una vez el torneo regular. En el momento del cambio de banquillo pensé Zizou no estaba preparado, pero le reconocí a un amigo que “tiene esa suerte de campeón”. Los números del francés ahora le avalan: tres Champions como madridista; una como jugador y dos como miembro del cuerpo técnico.

Ayer, a mí parecer,  Zizou hizo cosas muy extrañas. Sacó a Tony Kross por Isco y acabó agotando los tres cambios antes de los 90 minutos (el primero fue el de Danilo en detrimento de Carvajal, por la lesión del canterano) con la entrada de Lucas Vázquez por Benzemá. Pero ahí estaba él, confiado en lo que hacía y unido a un destino que aún nadie conocía. La has traído, eso es lo más importante.

¿Y qué decir del canterano brasileño? Queda demostrado que en ‘La Fábrica’ también hay jugadores de valor. Carlos Henrique Casemiro se ha convertido en la columna vertebral de este equipo, en el equilibrio de la ‘fuerza’, tal y como diría el maestro Yoda a sus discípulos. Impresionante trabajo, Case.

Y nuevamente Cristiano apareció en escena. La final fue descafeinada para él, y todos sabemos el porqué, por su afán de querer jugarlo todo durante la temporada y llegar entre algodónes a la finalísima. Pero el luso ha vuelto a escribir una línea en la historia de este club. A once metros del cielo se paró, miró a Oblak y golpeó el balón para traer la ansiada Undécima. Como diría él, estuvo muy ‘confiante’. Ha vuelto a sumar un record histórico en la competición. No lo olvidemos, máximo goleador de la Champions en el año de la décima (17), así como en la undécima (16), de los cuales de estos últimos 11 provienen de la fase de grupo (nadie en la historia lo ha conseguido). Sobran las palabras ¡Bravo!

Pero no me olvido de usted, Sergio. Nuevamente en una final y poniéndote la capa de superhéroe. Eres el nexo entre la camiseta que llevas puesta y el madridismo porque Real Madrid se escribe con -R de Ramos.

ramos

Undécima, bienvenida, tus diez hermanas te esperan. Cómo no te voy a querer si fuiste campeón de Europa por… Hay varios motivos para presumir de lo que somos y estar orgullosos de este escudo. Nosotros, los aficionados, ya sabemos cómo disfrutar de ello.

Ese único equipo en el mundo. ¡Hala Madrid!

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De vuelta a casa, junto con tus nueve hermanas

– Sergio, ven un momento -llama Fernando a su nieto de apenas 5 años-. Quiero preguntarte una cosa

– Abuelo, ¿qué pasa? – pregunta Sergio mientras juega con los nuevos juguetes.

– ¿Tú de qué equipo de fútbol eres? – pregunta ante la atenta mirada del pequeño de la casa.

– No sé, abuelo -dice Sergio.

– ¿Cómo que no sabes? – grita Fernando cariñosamente, mirando a su nieto.

– Tu abuelo es del Real Madrid -apunta Fernando-.Es el equipo más laureado de Europa y el que he seguido desde que era pequeñito como tú. Es el Real Madrid, ya lo entenderás. Tú hermano te ayudará -le da un toque sutil a Sergio en el hombro.

– ¡Ahh!. Vale, abuelo -exclama Sergio, mientras se centra en volver a construir el castillo de Lego, su única pasión hasta entonces.

(Mannheim, Alemania. Año 1988)

Fueron palabras que no entendí hasta que cumplí los 14 años y vi ganar la séptima copa de Europa al Real Madrid, para algunos la primera en color. Mi hermano me explicó que mi abuelo se había emocionado tras esperar 32 años en volver a ver al Madrid levantar una orejuda. En aquel instante entendí la relación sentimental que tenía este club con la Champions. Mi abuelo fue la primera persona que me enseñó la palabra Real Madrid y mi hermano, el aprendiz del maestro, el que me inculcó el madridismo.

Cayeron la Octava y la Novena. Tres Champions League en apenas cinco años. La leyenda de que “Tito Paco” ganaba las Copas de Europa para el Real Madrid de Di Stefano y cía se hacía cada vez más pequeña. Este equipo ya había nacido con ADN de campeón. Tras el zapatazo de Zidane en Glasgow, el club de Chamartín entró en una sequía de 12 años sin llegar de nuevo a una final. Años en los que creía, pese al optimismo de la prensa, que los blancos no estaban al nivel competitivo de la Champions League.
Año tras año, los madridistas veíamos como la Champions se escapaba a las primeras de cambio. Eliminatorias de cuartos y de octavos donde el Madrid salía ninguneado por equipos -a priori- inferiores. Desde el Mónaco de Morientes, pasando por el Roma, Liverpool de Benitez o el Arsenal de Tity Henry o Cesc. Nada que hacer ante el bochorno europeo que vivía el equipo.
La llegada de Mourinho al Real Madrid rompió la sequía de los octavos de final. Tres años en el club, tres semifinales consecutivas y la suerte, nuestro peor aliado. El año 2014 ha vuelto a darle al Real Madrid lo que se merecía: el reconocimiento en Europa. De la mano de Carlo Ancelotti, los blancos  han vuelto a llegar a lo más alto, a la cima europea, y de qué forma. Un balance de 11 victorias de 13 posibles -tercer mejor balance de la historia por detrás del Madrid de Di Stefano y el Ajax del 73-, con 41 goles a favor por 10 en contra. Números de campeón. En frente,  hubo un camino alemán difícil de obstaculizar. Los dos últimos finalistas y que habían impedido al Real quedarse a las puertas de una nueva final, Borussia y Bayern, fueron esta vez presas de un conjunto arrollador. El Bayern de Pep, el que era hasta entonces el actual campeón de Europa y el gran favorito, sucumbió en casa ante una locomotora que exhibió su mejor fútbol en el mejor partido que recuerdo del Real Madrid como visitante en Europa.
El 24 de mayo de 2014 será recordado como el día en el que el Real Madrid conquistó la Décima ante un digno rival, el Atlético de Madrid. Enhorabuena a los colchoneros por la tremenda temporada que han hecho. Aún sigue siendo inexplicable como un entrenador ha sido capaz de transmitir a sus jugadores tanta entrega y lucha. Enhorabuena, ¡Atlético!. Pero el cuento Disney se tenía que acabar de alguna manera. ¿Por qué?. Pues porque en Lisboa ganó el justo vencedor, ni más ni menos. Fue el equipo que remató más a puerta y que físicamente se apoderó del terreno de juego.
No olvidaré el año en el que un defensa de Camas rescató a su equipo en una final de Champions a falta de dos minutos para la conclusión de un duelo estelar. Aquel tonto que se equivoca, el que envía la pelota a Saturno, el que tira la copa, bla, bla, bla. Gracias, ¡Sergio!. Sin duda, la historia del Real Madrid le debía una. Sus goles que sellaron el pase a Lisboa y el de anoche, hicieron tributo a la cultura de este club. ¡Vamos Real, hasta el final!
Hoy el madridismo ha recuperado la felicidad plena. Gracias, ¡Abuelo!. Hermano, gracias por haberme salpicado de estos colores porque: “hay sentimientos que nunca mueren“.

La Copa de Europa vuelve a casa, acompañando a sus 9 hermanas. Hoy el campeón de Europa es el Real Madrid.

“Real wanders through Europe as the Vikings once walked, destroying everything in its path”
(“El Real Madrid se pasea por Europa como antaño se paseaban los vikingos, arrasándolo todo a su paso”)

The Times. 19 de mayo de 1960. Londres
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