Sin pena ni gloria

Disfruté como un fan más, pero no me quedé vacío. Ésta ha sido mi capricho. En los dos últimos años me he empapado de ‘El Patrón del mal’, serie colombiana y producida por Caracol TV, de las dos temporadas de Narcos y de ‘Escobar: Paraíso perdido’.

Hace algo más que una semana le tocó el turno a la dirigida por Fernando León de Aranoa, ‘Loving Pablo’. No es con este proyecto de Escobar que me quedo, sino con el que interpretó Benicio del Toro. En ese paraíso perdido del Toro mostraba como una especie de entresijo del mundo de Pablo. Fue una experiencia totalmente sofisticada. Es difícil contar algo nuevo pero Andrea Di Stefano dirigió por otra vertiente. Aún guardo ese sabor de boca a…

Con ‘Loving’ esperaba algo parecido al ‘biopic’ de 2015 dirigido por Danny Boyle, ‘Steve Jobs’. En ésta última encontré un sello propio, algo que se desmarcaba de otras vidas de Jobs llevadas al cine. Vengase a la memoria, por ejemplo, ‘Pirates of Sillycon Valley’ (Martyn Burke. 1999) o, la más reciente de 2013, ‘Jobs’ (Joshua Michael Stern) con Ashton Kutcher interpretando al magnate informático. La de Boyle tenía una personalidad propia y a un Jobs (Michael Fassbender) marcado por un mundo interior, traducido en diálogos cargados de sarcasmo y tensión entre él y Joanna Hoffman (Kate Winslet), la que fuera su mano derecha y confidente.

Me quedé con las ganas de ver en la de León de Aranoa a un Pablo Escobar más íntimo, que se desabrochara el cinturón y exhalara reflexiones, conversaciones con su séquito acerca de cosas que no tuvieran que ver con el poder o el dinero. Tal vez, el director madrileño no aprovechó la ocasión para ofrecer una película conmovedora, un guión enérgico y no adaptado, no sé, tal vez me imaginaba otro asunto, pero sólo tal vez, Sergio.

Juan Pablo Escobar, hijo del ex narcotraficante, ha insistido en los libros que ha ido publicando, otra versión de la vida de su padre. Si ya tuvo sus más y sus menos con ‘Narcos’, por desviarse, según él, de la historia real de su progenitor, no creo que varié mucho su opinión de esta última entrega. ¿Por qué nadie, en su sano juicio, ha aprovechado para guionizar lo que el primogénito de los Escobar cuenta? Todo pinta a que éste sea el último proyecto que veamos de la vida de Pablo Escobar, a no ser que el primogénito, en busca de exprimir las últimas gotas de naranja, quiera sorprender a todos con una nueva producción televisiva.

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Me ha dado la sensación que el film ha sido un regalo de los directores a Javier Bardem y Penélope Cruz. Un escaparate para que se luzcan. “¿Javier Cámara y Miguel Ángel Silvestre en Narcos? Tomad, hemos hecho unos pequeños cambios en el guión, pero la base es la misma. Lean, pareja, y nos ponemos en marcha. Hay que aprovechar el tirón Escobar”. ¿El resultado? Un Javier Bardem, una vez más, con esa faceta camaleónica. No tiene límites. Le pongan el papel que le pongan lo devora con maestría. Cruz se luce, sí, pero el carácter latino le dio una capa para volar.

La nota negativa del film lo pone el maquillaje del idioma. Con Narcos se había conseguido con éxito que una serie rodada en un 50-50% en inglés y en español enganchara al público de cualquier país. ‘Loving Pablo’ es un experimento de laboratorio y aún me hace daño ver a Pablo Escobar hablarle a su séquito en inglés. Es algo que no creía en los trailers pero, sí, el séptimo arte continúa dominado por ese ser bajito y sin pies llamado dinero. Los tiempos han cambiado y todo está mucho más globalizado, así que dejemos que lo natural conquiste al público. El acento paisa, lo poco que pude disfrutar de Bardem, se pierde en un ‘spanglish’ postizo.

Me quedé con las ganas, me quedé, ‘Loving Pablo’.

Nota: 5.5

#FernandoLeóndeAranoa #JavierBardem #PenélopeCruz

Caída libre

Semanas antes del estreno y ya durante él, caminaba por la calle y veía de refilón su cartel. Una foto atractiva, con filtro adecuado, con un cuerpo centrado y con un color conquistador. Anduve una vez, tras ver de nuevo su foto, pensando que aquella imagen de ‘Lady Bird’ me gustaba, que aquella chica representaba, a priori, algo marcado y con fuerza. Llevaba tiempo sin caerme y lo hice con ella. Tal vez, las expectativas eran demasiadas altas. De todas las nominaciones y premios, la más merecida fue el galardón de ‘Mejor Actriz en Comedia o Musical’ para Saoirse Ronan (Lady Bird) en los Globos de Oro.

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El proyecto de Greta de Gerwig (Dirección y Guión) me recuerda a Boyhood (Richard Linklater. 2014), mejor dicho, podría tener rasgos familiares, por ahí van los tiros. Adolescencia, problemas familiares y vuelvo a ver una película ‘made in América’, sí, sí, aquellas repetitivas de Antena 3 de los sábados por la tarde. Es un largometraje ya mascado, como dice la definición de este verbo: “(…) para extraer su jugo o sabor”, y según lo que vi, esos dos elementos ya fueron extraídos mientras Gerwig escribía el proyecto. De hecho, algo parecido le pasó a Giorgos Lanthimos cuando escribió y dirigió ‘Canino’ (2009), un largometraje histriónico y sin sabor, aunque en esta ocasión, si algo se salva, es el guión.

‘Lady Bird’ me roba algo. El personaje cautiva con sus primeros pasos y por su puesta en escena. Christine McPherson (Lady Bird) parece indomable pero acaba siendo un títere que se deja manipular por los escasos puntos de giro que tiene la película. En esa transformación a peor, se le acaba viendo la letra pequeña y se desploma hacia una corriente ya vista en Hollywood. Las lágrimas, según para qué, hace tiempo que dejaron de funcionar. Querida ‘Lady Bird’, prometes con un comienzo desgarrador con ese look tan pronunciado y, más, en plena adolescencia, con tus inquietudes y carácter, y acabas con el desencanto de este cinéfago. Por el camino te encuentras a una chica rebelde y original, de las que se salen de lo convencional, pero se queda ahí, en el intento.

El hachazo es a tu destino, el guión, no a quién te interpreta. Ronan está sublime, brillante, cómoda en la edad que interpreta, 17, y conectada a una seguridad durante los 92 minutos del film. Eso sí, halago al script por arrastrar a este personaje ‘indie’ en su acción en contra del populismo ‘teenager’. Rompe a tiempo y, de una vez por todas, con ese escaparate que tan mal nos han acostumbrado a ver en esta industria desde hace décadas.

Suspiro mis últimas palabras con un aire de esperanza, tras ver a Laurie Metcalf encarnar a la madre de Christine. Justa merecedora de las nominaciones como ‘Mejor actriz secundaria’, tanto en los ‘Golden Gobles’ como en los Oscar. Es un papel que en ciertos momentos engancha al espectador por la frialdad con la que trata a ‘Lady Bird’. Pero Metcalf es absorvida a interpretar un personaje encasillado, el de una madre feroz, aislada del afecto y protectora de su nido.

El montaje, la producción, el guión, la piel de la película y un sinfín de características que dejan bastante que desear. No sé a ustedes pero a mí me gusta evadirme cuando me siento en una butaca, y ‘Lady Bird’ es un pájaro, sí, pero como los que vuelan sigilosamente.

Nota: 5.5

#ladybird #saoirseronan #lauriemetcalf

Y entonces llegó ella

Lo estudié en el instituto y, años más tarde, ha hecho efecto. O, mejor dicho, ha ido haciendo efecto con los años en mi subconsciente. Hablo del marketing y me refiero en este caso al color amarillo.

La primera vez que me topé con él quise prescindir de la serie. Estaba en una época en que la ficción española quedaba para mí en segundo plano. El primer reflejo de esta producción española sin haber visto prácticamente nada, apenas destellos de los anuncios televisivos, fue ese color llamativo, a mí parecer no hermoso pero con su función, meterse en tu memoria y acompañarte con el paso de los años. Tal vez, digo sólo tal vez porque no quiero volverme muy Guillermo del Toro, el amarillo se fue colando en mi retina, sin darme apenas cuenta, para avisarme que tenía que acabar en ella. Plátanos, libros, suéteres, Post-it, cabellos rubios, un sin fin de objetos o imágenes que se cruzaban por mi vista en forma de ráfagas, de flashes, no sé.

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Y entonces llegó ella, la serie. Nueva oportunidad para una ficción española que en los últimos 20 años ha desarrollado la -c de calidad. Ella tiene nombre y apellidos, ‘VIS A VIS’. No sé en qué momento se ha colado en mí pero lo ha hecho. Con piel dramática y de suspense, no ha tardado en marearme como espectador desde el primer momento. Podría tener que ver un poco o ser la marca blanca de ‘Orange is the new Black’, sí, pero un elemento que las diferencia es la comedia. La estadounidense fija en sus líneas tintes de humor para quitar tensión a la protagonista, mientras que la española embarca a Macarena Ferreiro (Maggie Civantós) a vivir la cruda realidad de los barrotes sin comedia.

Ferreiro protagoniza dos temporadas frenéticas, originales, la primera es redonda, en todos los sentidos, la segunda rectangular, ya que los guionistas se vieron obligados a incluir otra trama para desembocar en un final con sentido.

Hoy, 23 de abril, día donde lucen las rosas y los libros, donde se aviva la
leyenda del dragón, el caballero y la princesa, tal día como hoy, día
especial para muchos, se estrena la tercera temporada de ‘Vis a Vis’.

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Tal y como se anuncio meses antes, se espera de nuevo un hilo conductor lineal, con un sólo destino, alejado de los caminos paralelos para centrarse en un sólo núcleo argumental. Y en ese espero que vuelva a aparecer la figura de un personaje. Van a permitirme que me tome el lujo de un día como hoy, lucir la presencia de Nawja Nimri, Zulema en la ficción. Nimri cautiva a la cámara desde un primer momento y le da ese tono de tensión difícil de conseguir para cualquier intérprete. Es verla en acción y sentirme cómodo, te ayuda a ausentarte de la realidad. Transmite el miedo bueno, ese que nos engancha de nuestros villanos favoritos. No lo negarán, siempre nos cautivan los personajes excéntricos, y ella lo es. Bien, en una prisión tendrían muchos números la mayoría de reclusas de serlo, ‘Zule’ se desbanca de todas. Es
la fotografía de la serie, una mirada que mata y conquista a la vez. Entre lo amarillo se cuela la oscuridad de su alma y look. Ella es ese aroma agradable que nos impregna el olfato cuando tropezamos con alguien en la calle. Es capaz de cautivar como las olas, elegante y fría, pero con coraje a la hora de atacarnos.

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Cuando acabó la primera temporada de esta serie dirigida por Jesús Colmenar, Jesús Rodrigo, Sandra Gallego, David Molina y Álex Rodrigo, pensé que lo habían bordado, que ésta misma producción cruzando el charco y traducida al inglés hubiese tenido más reconocimiento. Es así de triste pero lo es. La segunda parte de ésta ficción es tal vez más elástica y enérgica pero, como he dicho antes, más nítida la primera. No hay nada como saborear un buen efecto sorpresa y, eso, me lo dio la primera. Eso sí, el tema principal, el de Cecilia Krull , ‘Agnus Dei’, con el que arranca los episodios, conquista los tímpanos desde un primer momento.

Viendo las últimas semanas la nueva serie española de moda, ‘La casa de papel’, me di cuenta que había algo en ella que tenía que ver con ‘Vis a Vis’. Volvía a asomarse el marketing. Ésta vez, el rojo se apodera de ésta otra producción. ¿El resultado de la coincidencia? Tiene nombre y apellido, Álex Pina, partícipe en el guión de la amarilla y director en la roja. Veremos qué se cuece en la nueva entrega de las chicas de la prisión. Yo, a disfrutar de un día especial. ¿Rosa amarilla o roja?

‘Feliç Sant Jordi!’

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